Haití

El vudú no ha condenado a Haiti, las dictaduras y la intervención lo han hecho

 Vudú - Foto: Carlos Mesa

Por: Mónica Méndez - 18 de febrero de 2010

El vudú, lejos de ser el culto demoníaco y espeluznante mostrado por una buena parte del cine de terror y de suspenso, es una religión en la que se encuentran los cultos de los esclavos africanos que fueron llevados a Haití durante la etapa de colonización española, y los dogmas católicos que se les obligó a practicar como parte del proceso evangelizador. Aquellos negros de diferentes etnias y tribus, fueron conducidos a Haití para trabajar y explotar las tierras ajenas, pero llevaron consigo un conjunto de dioses y de convicciones religiosas que, precisamente por su diversidad étnica, produjo la lenta combinación de sus cultos. Mezcla que luego complementarían con la de los santos y ritos católicos, pues para impedir la destrucción de sus creencias por parte del sacerdocio español, subrepticiamente practicaban el vudú, disfrazado con la máscara de la religión reglamentada.

Solidaridad con el pueblo de Haití

Solidaridad con el pueblo de Haití

El Turbión apoya la gestión de la Cruz Roja Internacional y se suma a la propuesta de esta institución internacional ante la tragedia que vive el hermano pueblo de Haití. Te invitamos a sumarte a la movilización internacional de solidaridad.

Haití - Fotos: Simone Bruno

Simone Bruno, colaborador de El Turbión, nos envía estas imágenes en exclusiva desde Haití, a seis días del desastre natural más grande en la historia de Améríca.

Terremoto en Haití: catástrofe humanitaria y oportunismo

Terremoto en Haití - Foto: Logan Abassi, ONU

Por: Manuel Navarrete - enero 15 de 2010

El pasado martes sucedió un terremoto de magnitud descomunal, en un país con una pobreza desmesurada y absolutamente desprotegido. Haití sufrió un sismo de siete grados en la escala de Richter y a solo 8 kilómetros de profundidad, lo que causó la peor catástrofe natural sucedida en América. Se estiman más de 100.000 muertos y más de tres millones de damnificados. La capital, Puerto Príncipe, quedó arrasada, y las consecuencias sociales y políticas son aún impredecibles.

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