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Que lastima que la realidad de los taxistas importe solo a unos pocos. El bloqueo de la vÃas en la ciudad de Bogotá por los taxistas, fue noticia en los principales y tradicionales medios de comunicación nacional, pero no por la esencia del problema, sino por el caos vehicular y la interrupción de las actividades de los ciudadanos. Resulta algo paradógica la protesta de los taxistas, quienes salieron a las calles a denunciar la delincuencia y la violencia de las que han sido victimas y exigir garantÃas de seguridad para laborar y no siendo suficientes estos motivos, el alcalde decide mandarles el aparato (ESMAD) efectivo para callar a punta de golpes, gases y perdigones, la justa lucha de este sector. Es totalmente injusta y reprochable la actitud del señor alcalde , se supone que él es quien debe velar por la integridad, seguridad y bienestar de la población. Su deber era hacerle frente al problema con altura, en vez de resguardarse en una oficina y desde ésta dar ordenes tan cobardes, tÃpicas de aquellos que están en contra del pueblo.
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Una vez más el Alcalde Garzón muetra de parte de quien está.
Que lastima que la realidad de los taxistas importe solo a unos pocos. El bloqueo de la vÃas en la ciudad de Bogotá por los taxistas, fue noticia en los principales y tradicionales medios de comunicación nacional, pero no por la esencia del problema, sino por el caos vehicular y la interrupción de las actividades de los ciudadanos.
Resulta algo paradógica la protesta de los taxistas, quienes salieron a las calles a denunciar la delincuencia y la violencia de las que han sido victimas y exigir garantÃas de seguridad para laborar y no siendo suficientes estos motivos, el alcalde decide mandarles el aparato (ESMAD) efectivo para callar a punta de golpes, gases y perdigones, la justa lucha de este sector. Es totalmente injusta y reprochable la actitud del señor alcalde , se supone que él es quien debe velar por la integridad, seguridad y bienestar de la población. Su deber era hacerle frente al problema con altura, en vez de resguardarse en una oficina y desde ésta dar ordenes tan cobardes, tÃpicas de aquellos que están en contra del pueblo.